2016年2月18日星期四

Las pequeñas cosas

Hoy las heridas están frescas, sin embargo, algo cambia cada vez que me dejo llevar por mis impulsos y llegar hasta el fondo. Son esos momentos de absoluta entrega y vulnerabilidad emocional que me hacen sentir libre, lo que me lleva a cometer una y otra vez los mismos errores (serían errores?). Ésta sensación solo dura unos instantes...con suerte quizá días...luego me hundo nuevamente, asfixiándome. 
Sin embargo, esos pequeños aires de libertad me dejan algo quizá imperceptible para los demás, es algo que siento que me reconecta con quien realmente soy. Lo que me recuerda que esto es sólo un juego, que no hay que tomárselo tan en serio.
Soy de esas personas con muchas exigencias y metas imposibles o complicadas, que no hacen más que frustrarme continuamente. Planeando hasta el último detalle para luego ver cómo se desmorona todo. A veces me olvido de vivir. Cuando me desconecto -o reconecto conmigo misma mejor dicho- me doy cuenta que estoy sobreviviendo, tachando días, contando horas...minutos, mirando calendarios, arrastrándome de un lado a otro casi por inercia. Honestamente es una de las peores sensaciones...un amargor me invade de repente.
Sucede que un intento de salir de esta situación sólo me lleva a otra de la misma naturaleza, pero "socialmente aceptada" de vivir la vida: crear proyectos, hacer cursos, salir más con amigos, ser simpática y solidaria. Nada de eso me llena realmente, sólo ocupa mi mente...y en esos momentos de verdadera conciencia vuelvo al punto de partida. Ésta vez estoy exhausta. Qué es lo que necesito para sentirme plena? son pequeñas cosas. Esas que me hacen flotar. 


Con él siempre tuve una relación difícil, por no decir imposible. Cuando lo conocí, inmediatamente sentí que iba a ser un hombre importante en mi vida. Algo más sucedió también: sentía que podía decirle todo, absolutamente todo. De algún modo casi mágico, estaba convencida que él me entendía. Si habrá sido así, probablemente nunca lo sepa, pero la realidad es que me sentía liberada.
Algo me llevaba a creer que lo conocía de antes, que podía confiarle mi vida. Le confesé mi amor sin rodeos: él no tenía una respuesta. No la tenía o no quería dármela, pero siempre estaba ahí...observándome a lo lejos. 


Él no me amaba, nunca me iba a amar. Era otra de las pocas certezas que tenía. Pero algo...había algo. Simplemente no podía huir. Es que esos pequeños instantes de amor platónico tenían mucho valor para mí, y sentía que para él también. Compartir momentos, escucharlo reír, simplemente estar a su lado...

No estaba sólo, amaba a alguien. La amaba de verdad. Esto no me tenía indiferente, sentía que moría. Entonces con él, era morir y vivir de verdad, era sentir: dolor y amor. Pensarán que es un infierno, y en los malos momentos también yo lo creía. Pero la verdad era ésta: yo dejaba de sobrevivir, y simplemente sentía y actuaba en consecuencia. No es eso lo que deberíamos perseguir? no es esa la más pura de las libertades?

El fin nunca era el fin. Parecía ser también su modus operandi en su relación con su amada. En definitiva idas y vueltas, pero nunca el fin.
El año pasado lo nuestro dejó de ser platónico luego de varios años de incertidumbres y desencuentros. Pensaba que la experiencia iba a ser increíble. Lo deseaba como a pocos, él me encantaba...

Entonces lo impensado: la experiencia no me dejó nada, ninguna sensación en absoluto. Al contrario, me sentí más vacía que nunca. La mañana siguiente quería levantarme y salir corriendo, correr bien fuerte y nunca más volver. No quería verlo más. Recuerdo estar viajando rumbo a casa pensando todo lo que tendría que estar sintiendo y compararlo con lo que me estaba pasando: quería llorar.

Fueron muchas las idas y vueltas, y estas sensaciones extrañas de estar plenamente enamorada pero en un plano más astral que físico. Una energía que me atraía.
Con los sucesivos encuentros la conexión mejoró, sin embargo, no era buena. Pudimos tener buen sexo, pero sólo eso. Un acto físico y mecánico. Distinto era cuando dormíamos, era la verdadera intimidad. La cercanía, el sentir su respiración monótona y relajada. A veces en vez de dormir veíamos alguna película que había elegido...no sé si lo sabría, pero compartir esto con él, me hacía verdaderamente feliz. Estar semidesnudos, hombro a hombro, en contacto, compartiendo algo que él había elegido. Para mí lo era todo.


Y entonces es que recuerdo esas cosas, como ir corriendo a tomarme el último subte para estar en sus brazos, viajar pensando en que él me esperaba. El llegar y que estuviera cocinando algo rico. El saber que pensaba en cada detalle. Yo sabía que él era distinto. También sabía que nunca iba a amarme.

Pero no me arrepiento, aún hoy, con el corazón en la mano, sabiendo que no existe futuro para nosotros. Sabiendo que nunca me va a amar. Siempre lo voy a recordar con amor, por esas pequeñas cosas...







沒有留言: